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en Tokio

Yoshika Oyama

Tripulante de cabina externa (25 años, en SWISS desde 2016)

En los últimos años Tokio se ha ido convirtiendo en un destino cada vez más popular. No obstante, como turista puede resultar difícil orientarse en una ciudad que cuenta con más de 38 millones de habitantes. La Tripulante de Cabina de Pasajeros externa Yoshika, quien se ha criado en Tokio y reside allí, nos muestra algunos de sus lugares preferidos y recomendaciones "secretas".

En la capital de Japón impera un ritmo trepidante, lo que, a pesar de resultar emocionante, también puede ser agotador. Por eso, lo mejor es conocer lugares adonde acudir para alejarse del bullicio. En el verano, Tokio puede ser muy húmedo y caluroso. Por lo tanto, la mejor época para viajar es entre las estaciones: a lo largo del tibio otoño o en primavera, durante la famosa floración del cerezo. SWISS vuela a Tokio (NRT) a diario desde Zúrich (ZRH).

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La jornada de Yoshika empieza de forma muy clásica: degustando un té verde en Maruyamanori. La cafetería está integrada en una tienda de té que se fundó allá por 1954. Su especialidad es el té verde que se presenta aquí en todas las variedades imaginables. Yoshika opta por un condensado de té verde: « Es algo parecido a un café expreso, pero elaborado con té verde. Eso sí, acompañado de helado de té verde. ¡Simplemente perfecto!» La peculiaridad de esta cafetería es, además de una exquisita oferta de tés, su ubicación. El Marujamanori se localiza en la azotea del teatro Kabuki de danza japonesa. Durante el desayuno se puede disfrutar también de las vistas de los jardines japoneses, que se sitúan enfrente.

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La cafetería se ubica en el barrio de Ginza, la principal zona comercial y con atracciones turísticas. Por eso, lo ideal es salir de compras después de desayunar. En el bullicioso barrio convive el Japón tradicional con el moderno. Las tiendas, algunas de las cuales datan del penúltimo siglo, coexisten con grandes almacenes modernos y de varias plantas. «Las calles están trazadas en bloques, similar a la ciudad de Nueva York», aclara Yoshika. Así que no hay que preocuparse por poder perderse.

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Para recuperarse un poco del alboroto de las calles, lo ideal es visitar un templo o un santuario, de los que, tan solo en Tokio, existen miles. En este día Yoshika visita el santuario Meiji en cuyo interior pide un deseo que escribe en una hoja y cuelga junto a otras muchas. «Es para que se cumpla», predica una creencia de la religión Shinto que venera las fuerzas naturales y a dioses originarios de Japón. La entrada al santuario es gratuita y permanecer en este recinto tranquilo resulta relajante, casi meditativo.

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Para los europeos la cocina japonesa es sinónimo de sushi , a pesar de que los rollitos de arroz solo representan una parte ínfima de la multifacética gastronomía del país. Los platos con sopa de fideos gozan también de gran popularidad. Y el mejor ramen de la ciudad se encuentra a la vuelta de la esquina del santuario de Meiji , en Afuri. «Probarás un ramen, como no lo habrás comido antes», nos revela Yoshika entusiasmada. Aconseja especialmente el ramen con yuzu, un cítrico japonés.

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La tripulante de 25 años pasa la tarde en el Digital Art Museum en la exposición Team Lab Borderless. «Aquí se podría pasar todo el día», comenta Yoshika riendo. «Existe un número sinfín de experiencias que vivir: salas con miles de farolillos, lluvia de luz o el "Athletic Forrest"». Así se denomina una sala tridimensional, interactiva, que se dedica a interpretar el entendimiento del mundo mediante el propio cuerpo. «¡Es una experiencia singular!» Lo único a tener en cuenta es organizar las entradas con un día de antelación, si es posible.

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A Yoshika le hubiera encantado quedarse algo más en Digital Art Museum si no hubiera tenido ya otra cita en mente. A primeras horas de la tarde asiste a una verdadera lucha de sumo en el recinto Nippon Budokan Arena en el barrio de Chiyoda. En el tradicional estadio japonés donde se celebra el combate impera un ambiente recargado, que desprende energía. El público y el ambiente merecen una visita ya en sí. «Apenas quedan luchadores japoneses de sumo, la mayoría son del extranjero», nos aclara Yoshika. «Quizás reconozcáis a alguno de vuestro propio país y podríais animarlo». Evidentemente, en el recinto se pueden adquirir suficientes snacks y bebidas, pero Yoshika se aguanta el hambre porque ha planeado algo muy especial para la cena.

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El Imahan es un restaurante de renombre, conocido sobre todo por su Sukiyaki. En este plato se cocinan delgadas tiras crudas de carne en una cacerola con verdura y salsa dulce de soja. Se acompaña de arroz que se cocina en la misma cacerola. El caldo se degusta al final del todo. «Pero no solo la comida es excepcional, sino también el servicio», relata Yoshika entusiasmada. «¡Todos los trabajadores usan kimonos y elaboran la comida directamente en la mesa!» Es el lugar perfecto para quedarse un rato más sentado y observar cómo el día se convierte en noche y la noche en día en Tokio.