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en Atenas

Romina Gfeller

Auxiliar de vuelo (24 años, en SWISS desde 2014)

Romina inició su carrera en SWISS como tripulante de cabina en vuelos de trayecto corto. Desde septiembre de 2015 desempeña su labor también en vuelos de larga distancia, lo que considera una situación magnífica. Aunque ya ha tenido la oportunidad de descubrir numerosos destinos populares en lejanos continentes, siempre le encanta volver a Grecia. «En ningún otro país del Mediterráneo confluyen la antigüedad y la modernidad como lo hacen en Grecia», comenta Romina entusiasmada. Una vez al año, Romina aprovecha las vacaciones para pasarlas en Atenas.

Atenas no solo es la capital de Grecia, sino que además es la ciudad más poblada y extensa del país. La arquitectura de Atenas refleja el pasado histórico de la antigua Grecia. Hay muchos lugares emblemáticos y museos que nos ofrecen interesantes perspectivas históricas. En pleno verano, el termómetro bien puede superar los 33 grados. Por eso, para explorar la ciudad, lo recomendable es visitarla en primavera o en otoño. SWISS vuela a Atenas (ATH) a diario desde Zúrich (ZRH) y Ginebra (GVA).

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Lo mejor para arrancar el día es empezar con un típico desayuno griego. Además de un café frappé exprés, también nos propone los dulces conocidos como «Loukoumades». «Son unos buñuelos fritos bañados en canela y miel: ¡increíblemente deliciosos!» Para Romina, el lugar donde se pueden degustar los mejores «Loukoumades» es en el Lotte Cafe-Bistrot. Estas pequeñas delicias culinarias se sirven en platos de porcelana en un acogedor ambiente romántico, y ya se tiene la sensación de sentirse como en casa.

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Llega el momento de salir de la cafetería para enfrentarse a las propuestas estelares de la extensa oferta cultural. El programa empieza con un recorrido por el lugar para admirar su belleza. ¿Y dónde mejor que hacerlo que en Anafiotika? Anafiotika es un pueblecito construido recordando la arquitectura de las Cícladas, con casas de terrado encaladas que se van escalonando desordenadamente en empinadas calles. «El barrio está tan acicalado que resulta precioso. Las calzadas de suelos empedrados con mármol conducen por pintorescas callejuelas pasando por alguna que otra tienda de recuerdos», relata Romina. Y las tiendas de recuerdos son la pasión oculta de Romina: «¡Me encanta entretenerme curioseándolo todo!»

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A pesar de ser muy turística, también merece la pena visitar la mundialmente conocida Acrópolis. «Seguramente es el edificio más famoso de Grecia y destaca por sus espectaculares vistas.» Desde el casco antiguo hay diversos caminos que conducen a lo más alto, a la Acrópolis. Dependiendo del calor, ascender los 156 metros del risco puede hacernos perder unas cuantas gotas de sudor, pero la subida bien merece la pena.

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¡Es hora de disfrutar del lujo! Para almorzar nos desplazamos a uno de los barrios periféricos más elegantes y lujosos de Atenas: Glyfada. «Aquí se puede contemplar el puerto deportivo más antiguo de la región del Ática», revela Romina. El restaurante Sardelaki presenta una gran variedad de la exquisita gastronomía griega.» Además, no queda lejos del puerto pesquero, que no deja de asombrar al visitante.

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Situado a los pies de la ladera de la Acrópolis descubrimos Plaka, , uno de los barrios más antiguos de Atenas. «Aunque aquí convivan las tiendas de recuerdos en estrecha armonía, los cantantes callejeros se empecinen en hacerse escuchar y en cada esquina aparezca un vendedor de bisutería, ¡el Plaka mantiene su cautivador encanto!» Deambular por sus callejuelas es todo un placer porque el acceso del tráfico rodado está restringido en el barrio. Romina sugiere detenerse en 360 Cocktailbar: «En este bar de copas en una azotea se sirven refrescantes cócteles, cafés frappé, y granizados de café. Contemplando las vistas de la Acrópolis se puede saborear el refresco en la más absoluta tranquilidad.»

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Para poner punto final a una jornada tan movida, lo mejor es una deliciosa cena. Romina sugiere el restaurante Old Taverna Kritikou en Plaka. Una auténtica "taverna" que dispone de unos maravillosos jardines en la azotea con vistas a la Acrópolis y al monte Lycabettus. «Al caer la tarde, no hay nada mejor que sentarse en su terraza, y disfrutando de una deliciosa cena, contemplar cómo los rayos de sol desaparecen tras la Acrópolis.»